Antonio J. Morales Villegas: “El Jardín de las Delicias, una metáfora de la creación”

Antonio J. Morales Villegas

Fotografía de autor

Antonio J. Morales Villegas: “El Jardín de las Delicias, una metáfora de la creación”

11:00 AM 28 de Abril, 2018

La fotografía construida

«Ipse dixit et facta sunt» (Él mismo lo dijo y todo fue hecho)

Se puede mirar el mundo desde dentro para entender qué es lo que lo sustenta. Adentrarse en los cimientos que acogen el pensamiento, las ideas y la filosofía; es entonces cuando nos encontramos con el cuerpo desnudo que se convierte en el mapa donde leer ese mensaje oculto.

El Jardín de las Delicias es una narración fotográfica fragmentada, a veces cercana al pictoricismo, que juega a hablar del todo, la creación, desde la discontinuidad de las imágenes. Escenas de hombres y mujeres desnudos rendidos a la naturaleza, el jardín, se despliegan en una serie sin continuidad, sostenida por la presencia del enigmático cuadro de El Bosco.

Cada historia es una narración coral donde los protagonistas se encuentran con el vacio, un mundo en el que nada es lo que parece.

Todo es efímero.

Se ha representado a las figuras desnudas tenues, transparentes, desprovistas del color, el pecado. Es como si representasen el alma humana. No llaman a los sentidos, a la sensualidad, abandonados a un estatus casi de desidia.

El Bosco nos presenta El Jardín de las Delicias como un tríptico en tres planos superpuestos, el Paraiso terrenal, la tierra (El Jardín de las Delicias) y el inöerno.

El Paraiso nos sirve para adentrarnos en la primera de las series, la representación de Adán y Eva, como curiosidad tenemos la presencia de un drago -un árbol emblemático de las Islas Canarias que se asocia con el árbol de la vida.

Paisajes en ruinas, imágenes llenas de silencio y de personajes anónimos que se funden con la textura y las formas que nos aporta en cada momento la naturaleza. Es una naturaleza aislada, desnaturalizada, un jardín seco, por la perdida del Paraiso.

La última de las series asociada al Infierno, los Impios, nos traslada al interior de una antigua capilla, donde los cuerpos se agolpan unos sobre otros sobre plásticos o incrustados en la arquitectura religiosa de un retablo que ha perdido su sentido primigénio.

Este proyecto fotográfico se construye sin asimilar una estética definida, si bien revisa o integra rasgos de diferentes referentes artísticos, no solo del tríptico de El Bosco; el lenguaje visual desordena-ordena las coordinadas de la realidad dando lugar a imágenes polisignificativas que nos relatan la metamorfosis del cuerpo en el paisaje.

Esta intervención del cuerpo desnudo re-crea un relato desde la duda de la representación de la realidad, donde la belleza es desplazada por individuo y la forma, lo orgánico. El cuerpo desnudo interviene el espacio para transformar la realidad, esta abstracción nos revela un universo emocional que roba el alma a los modelos para convertirla en una imagen eterna, aquello invisible que encierra la imagen esperando a que el espectador lo descubra.